martes, 8 de marzo de 2016

VIII Trofeo Oscar Llanos

Regresábamos a la competición de nuevo por tierras mañas, esta vez en Zaragoza capital, una de "mis ciudades" donde tantos años y tantos momentos he pasado.
Era una mañana de domingo fría y desapacible pero sobre todo ventosa, ventosa a más no poder y que pronto íbamos a comprobar.
Jesulón, Raúl, Ramón, Sergio, Néstor y yo. Seis miembros de Rioja Máster estábamos en la línea de salida. De inicio la cosa parecía llevadera y se rodaba compacto, pero de repente un tímido giro a derechas para iniciar una subida y aquello empezó a deshacerse por completo. El viento pasó a azotar de costado y en cuestión de segundos todos de uno en uno. Aquello parecía el Titanic, un sálvese quien pueda y es que cada uno se agarraba a la rueda del de delante como podía confiando en que este no se cortase para no "hundirse" en la profundidad del pelotón.
Yo mal situado desde la mitad-trasera de los 200 corredores que habíamos partido, comencé a progresar a base de fuerza, confiando en que, con las piernas que tuve en Tarazona, un arreón salváse la situación... Sin embargo el viento no te deja respirar y esta vez la luz de la reserva se estaba encendiendo antes de lo previsto, por lo que pude comprobar como se me iba el último bote salvavidas. No llevábamos media hora de viaje y ya me iba a pique.
Pronto esos 200 ciclistas habíamos quedado reducidos en varios mini pelotones.
En principio me encuentro situado en el tercer grupo pero después de unos relevos con todo lo que me queda, veo que no tapamos el hueco y mis piernas me invitan a abrirme de la fila para coger aire siendo recogido por otro grupo que venía detrás. A base de echarle garra nos organizamos y vuelvo a enganchar con ellos.
Llega el alto de Leciñena y vemos otro grupo cerca. Seguimos remando y con el aliento del numeroso público presente conseguimos cazar, uniéndome a Jesulón y Néstor que viajaban aquí.

Subiendo Leciñena entre el público y con el siguiente grupo al fondo.
Ahora somos un grupo más numeroso, pero las fuerzas están muy castigadas. Intentamos colaborar pero no hay entendimiento, muchos no pasan al relevo, otros se desesperan e intentan arrancar... con lo que al final se esfuma cualquier posibilidad de contactar con el pelotón de cabeza. Así transcurriría el resto de la carrera, en modo piloto automático para llegar a meta y dar por concluida la jornada. Finalmente y cómo era lógico nos vamos de tiempo y cruzamos la meta a 10 minutos del vencedor David Busto.
Recalcar desde aquí que es una carrera bonita y sobre todo muy bien organizada con todo lujo de detalles y un gran despliegue.

Agradecer como siempre a la familia Rioja Máster, a todos los acompañantes y a la fotógrafa oficial Naya, todo un lujo.

Toda la carrera a remolque.

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